lunes, 16 de agosto de 2010

El dolor será temporal, pero la gloria es eterna I


erdesion había perdido toda esperanza de ganar esta batalla desde hace tiempo. Estaba sentado frente al balcón, observando el horizonte. Elenisse entró en la habitación con una pócima en la mano. Pero él no le hizo caso.
- Debes animarles, -dijo seriamente- creen que seremos derrotados.
- No se equivocan. –murmuró Derdesion en un tono monótono, sin apartar la vista del crepúsculo rosado.
Elenisse suspiró profundamente. La guerra contra Ithurish había sido demasiado precipitada. Sobre todo para Derdesion, ya que él no quería ser el que se encargase de dirigir a todo el ejército.
Ambos permanecieron en silencio durante varios segundos. Elenisse se interpuso entre el balcón y Derdesion con la esperanza de que este le reaccionase.
Él clavó una mirada penetrante sobre la princesa, esta asustada, bajó la vista. Él no quería salir ahí fuera.
- Ellos te necesitan…-susurró cálidamente- Eres su líder. Sal y dales ganas de luchar por su patria.
- Ni si quiera yo las tengo. –musitó- Esto se convertirá en un masacre. Por favor Elenisse, detén esta locura. –suplicó desesperado.
Elenisse se levantó decidida y malhumorada.
- Ya no hay vuelta atrás. –colocó la pócima sobre la mesa, fuertemente- Bebe esto, tu voz tendrá más potencia. –fue hacia la puerta con semblante serio- Tienes cinco minutos, te están esperando. –dijo. Después desapareció.
Él observó la pócima de mala gana. Abrió el bote y tragó todo el líquido de un solo sorbo, sin percatarse de su paupérrimo sabor. Cerró los ojos y contó hasta diez. Una patrulla de miles de hombres desalentados, le esperaba fuera con la esperanza de que su líder creyera aún en su posible victoria. Pero él aguardaba lo mismo que ellos, la derrota.

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